Perspectivas familiares en el XI Congreso de Hirukide
El próximo 1 de noviembre, el Palacio Europa de Vitoria-Gasteiz acogerá el Congreso de Hirukide. Entre sus momentos más esperados estará la mesa redonda “Perspectivas familiares: el arte de ser feliz en casa”, un espacio para reflexionar sobre cómo construir hogares más felices, sanos y unidos.
En ella participarán cuatro voces con experiencias muy distintas, pero complementarias: Sandra Martín (3 hijos/as), educadora de familias y parejas en Disciplina Positiva; Jorge Ortiz de Urtaran (4 hijos/as), gestor de positividad, emprendedor, mentor y coach; Gabriela Michel (4 hijas), coordinadora en orientación familiar y formadora sobre temas educativos y afectivos; y Víctor Petuya (5 hijos/as), presidente de FAPAE/EIGEF, moderador de cursos de orientación familiar y catedrático de Ingeniería Mecánica.
A todos ellos les planteamos las mismas cuestiones. Sus respuestas, entrelazadas, dibujan un mosaico de consejos, advertencias y aprendizajes que resumen lo que significa el día a día de una familia.
Los pequeños gestos que marcan la diferencia
Los cuatro coinciden en que la felicidad familiar no surge de grandes planes, sino de rutinas sencillas y sostenidas. Para Sandra Martín, no se trata de aspirar a una familia de revista, sino de vivir en paz mediante una comunicación abierta donde todos se sientan escuchados. Gabriela Michel lo concreta en las cenas en familia: “cenas de disfrutar, de hablar, de comentar… por supuesto sin móviles y sin televisión”.
En la misma línea, Jorge Ortiz de Urtaran señala que esas cenas, caóticas y con vasos derramados, son momentos mágicos porque “da igual si hablamos, discutimos o nos reímos de una tontería, lo importante es que estamos ahí, en directo, con todo lo que somos”.
Víctor Petuya, por su parte, propone un gesto todavía más simple: “Parar un momento antes de entrar en casa y dejar en la puerta los problemas del trabajo. Escuchar de verdad cinco minutos, mirar a los ojos y decir ‘estoy contigo’. Con muy poco, cambia el clima de todo el hogar”.
Qué sostiene el bienestar familiar
A la hora de hablar de lo que realmente sostiene a una familia, las respuestas se cruzan en un mismo punto: la calidad de los vínculos.
Víctor y Gabriela ponen el foco en la relación de pareja. “Unos padres que se quieran. Muchas veces nos centramos en los hijos y nos olvidamos de la pareja. Ese vínculo fuerte es seguridad para los hijos”, resume Gabriela. Víctor añade que “cuando nosotros estamos bien, todo respira. Cuidar el matrimonio con tiempo intencional, palabras amables y perdón rápido cambia el clima de la casa”. De ahí la importancia de esos gestos básicos que él resume con las palabras del Papa Francisco: “permiso, gracias, perdón”.
Sandra insiste en otro ingrediente esencial: el sentido de pertenencia. “Como seres sociales que somos, necesitamos sentir que formamos parte. Si alguien no se siente dentro, buscará llamar la atención de cualquier forma”.
Jorge subraya, en cambio, la importancia de la flexibilidad y la capacidad de improvisar: “Con cuatro hijos he aprendido que la frase ‘no pasa nada’ es un salvavidas. El plan se desmorona, los horarios saltan por los aires, pero si te ríes un poco en vez de explotar, el bienestar aparece casi solo”.
Errores que nos alejan de la felicidad
Si algo tienen claro los ponentes es que muchas veces, en el empeño de “ser felices”, cometemos errores que generan el efecto contrario.
Para Gabriela, el problema está en querer tener todo perfecto: “Lo importante es estar a gusto y cumplir unos mínimos que te permitan disfrutar de la experiencia de crear familia. Los hijos crecen rápido y, cuando son pequeños, no percibimos que esa etapa es temporal”. Como ella misma recuerda con humor, “cuando los hijos son pequeños hay que rebajar los estándares de limpieza… y de autoexigencia también”. Ese recordatorio de que no pasa nada si la casa no está impecable ayuda a disfrutar más del momento.
Jorge lo formula con ironía: “Uno enorme es pensar que la felicidad es estar siempre como en un anuncio de yogures, sonriendo en un prado verde. En la vida real hay enfados, cansancio y montañas de ropa sucia. La felicidad son momentos efímeros: un abrazo inesperado o descubrir que quedaban galletas escondidas”.
Sandra advierte del peligro de obsesionarse con la búsqueda constante de la felicidad: “La idea es estar en paz, que la marea esté calmada, y en caso de oleaje saber cómo manejarlo”.
Víctor completa la idea señalando que fallamos cuando confundimos felicidad con satisfacción inmediata: “Comprar, distraernos, llenar la agenda. También cuando nos comparamos y buscamos una casa perfecta en vez de una familia sensatamente imperfecta”. Y, sobre todo, cuando se olvida “que la felicidad no se persigue para uno mismo: es el fruto de buscarla para el otro”.
La educación emocional como pilar
Otro consenso rotundo es el valor de la educación emocional. Sandra Martín recuerda que empieza en los adultos: “Las personas adultas somos ejemplo. Para enseñar a gestionar emociones primero tengo que saber hacerlo conmigo misma”.
Para Jorge Ortiz de Urtaran, esta educación “es el pegamento que lo sostiene todo. No evita los conflictos, pero los convierte en discusiones que duran 10 minutos en lugar de tres días. Si mis hijos aprenden a decir ‘estoy enfadado’ en lugar de lanzar el mando de la tele, ya hemos ganado medio partido”.
Gabriela Michel añade que “comprender las emociones está en la base de que tu hijo se sienta protegido y seguro. Validarlas marca el camino hacia la etapa adulta”.
Y Víctor Petuya destaca cómo “la educación emocional crea seguridad, serenidad y cooperación en casa. Cuando los hijos son capaces de nombrar lo que sienten, regularlo y reparar, bajan los conflictos y sube la empatía”, recordando que “la mejor escuela es el ejemplo de los padres”.
Cómo mantener la armonía al crecer los hijos
El paso del tiempo cambia inevitablemente las dinámicas familiares, pero también ofrece oportunidades. Para Sandra, la clave está en aceptar los cambios y soltar lo que ya pasó: “A menudo nos aferramos a momentos que ya han pasado y eso solo nos hace daño. También las expectativas generan frustración”.
Jorge destaca la importancia de escuchar de verdad, incluso cuando los hijos cuestionan a los padres: “Mantener la armonía es aprender a escucharles, aunque pienses: ‘¿en serio me estás discutiendo esto?’. Cuando ven que los padres saben rectificar, se genera un respeto mutuo que vale oro”.
Gabriela señala que es esencial dejarles volar y asumir responsabilidades, pero también mantener espacios de encuentro en familia con cualquier excusa: “Un cumpleaños, un aniversario o incluso una simple comida se convierten en oportunidades para reforzar el vínculo”.
Víctor propone pasar de más control a más acompañamiento y confianza: “Definir unos raíles estables —respeto, responsabilidad y servicio— y mantener tradiciones que den identidad familiar”. También insiste en que, a medida que los hijos crecen, conviene “actualizar el proyecto familiar”, revisando juntos cuáles son los valores y prioridades que siguen uniendo a todos.
Recursos y lecturas recomendadas
A la hora de buscar apoyos, cada uno de los ponentes ofrece sugerencias distintas. Gabriela propone centrarse en la afectividad, con lecturas como La familia imperfecta, de Mariolina Ceriotti. Sandra recomienda Educar con firmeza y cariño, de Jane Nelsen, creadora de la Disciplina Positiva.
Por su parte, Jorge defiende un recurso infalible: el sentido del humor. “Es la vitamina que mantiene a flote a una familia” y Víctor enumera varios títulos —Que tus hijos vuelen alto, Amar se escribe contigo— y recursos como los programas de Family Enrichment de la IFFD o el blog Familiarmente. En su caso, también destaca la fe compartida como pilar decisivo.
Lo que esperan aportar en el Congreso
Cada participante llega al Congreso con un enfoque propio. Sandra quiere compartir ideas prácticas desde la Disciplina Positiva. Jorge se propone aportar “realismo con humor”, desmitificando tanto el caos absoluto como la postal perfecta. Gabriela traerá su experiencia en el mundo de la adopción y el acogimiento. Y Víctor aspira a ofrecer esperanza y herramientas simples, aplicables desde el primer día.
Conclusión
Cuatro miradas distintas, un mismo mensaje: la felicidad en familia no nace de la perfección, sino de pequeños gestos, vínculos sólidos y la capacidad de aceptar el cambio. Todos coinciden en que lo que las familias necesitan no son discursos grandilocuentes, sino esperanza y recursos sencillos para aplicar en su día a día.
Desde la serenidad y el sentido de pertenencia de Sandra, al humor realista de Jorge, la experiencia vital de Gabriela o la mirada estructurada de Víctor, cada aportación añade una nota distinta a una misma sinfonía: la de familias que, con sus luces y sombras, encuentran la manera de ser felices en casa. Como uno de ellos resume, lo esencial es estar presentes, reírse un poco de los desastres y recordar que, al final, lo que queda son las historias que se cuentan en la mesa, años después.
