Representantes de cuatro familias de Hirukide participaron en dos encuentros con el consejero de Vivienda, junto a otros colectivos y entidades sociales: dos en el marco de una reunión con personas o familias jóvenes menores de 36 años y otras dos en un encuentro con familias de mayor recorrido vital y familiar, para trasladar la realidad que viven muchas familias numerosas ante las dificultades de acceso a una vivienda adecuada. Desde Hirukide agradecemos su participación y la de todas las familias que acudieron o se ofrecieron a hacerlo y animamos a quienes quieran participar en un próximo encuentro en febrero, centrado en recoger la voz de los niños y niñas, os pongáis en contacto con la asociación.
Hablar de vivienda no es hablar solo de m2, hipotecas o sorteos. Es hablar de hogar, descanso, intimidad, seguridad… De poder vivir dignamente y hacer vida en casa. Las cuatro familias que participan en este artículo lo saben bien. Sus situaciones son distintas, pero todas coinciden en una misma sensación: el sistema actual no siempre está pensado para las necesidades reales de las familias.
Familia Soriano Castillo
Cuando trabajar no es suficiente
La familia Soriano Castillo lleva siete años inscrita en Etxebide. Son una pareja joven, de 26 y 31 años, con tres hijos, y ambos trabajan. Aun así, no han podido acceder a una vivienda de protección oficial por no cumplir el criterio de “familia vulnerable”.
“Nos parece vergonzoso, porque el hecho de que trabajemos los dos no garantiza que no estemos en una situación de vulnerabilidad”, explican. Para ellos, uno de los grandes problemas es que los criterios actuales no reflejan la realidad de muchas familias jóvenes. “Creo que todos estamos en las mismas condiciones”, señalan, en referencia a la dificultad generalizada para llegar a fin de mes y asumir los precios del mercado.
Mientras esperan, no les queda otra opción que seguir en viviendas de alquiler que “más o menos podemos pagar”. En el encuentro con el consejero trasladaron una petición clara y directa: “Que se valore a todos por igual y que se revisen las listas de espera y las formas en las que puntúan”.
Familia Riguera Pomposo
Vivir juntos… demasiado juntos
Seis personas viviendo en 70 m2. Tres habitaciones, dos personas por cuarto. “Las hijas mayores nos piden más intimidad; los pequeños, tener su propia habitación”, explican. La falta de espacio influye en la convivencia: “Los roces de la vida cotidiana salen a la luz rápidamente”.
Aun así, reconocen también el lado positivo de vivir tan cerca unos de otros. “Para darnos un abrazo o un beso, estamos todos más cerca”, cuentan, poniendo palabras a una realidad compleja, hecha de dificultades, pero también de vínculos fuertes.
Intentaron acceder a vivienda protegida y llegaron a estar inscritas en Etxebide, pero la ausencia total de oferta destinada a familias numerosas les empujó a abandonar el proceso. Les resulta especialmente difícil de entender que se adjudiquen viviendas grandes a personas individuales mientras las familias numerosas quedan fuera. “No tiene ningún sentido”, afirman, y plantean una propuesta concreta: “Deberían hacerse y reservarse pisos de cuatro o más habitaciones exclusivamente para familias de cinco miembros en adelante”.
Ante la imposibilidad de acceder a una VPO, optaron por comprar vivienda libre y reformarla por completo para ganar espacios comunes. Hoy ya no están en Etxebide y cuestionan el modelo actual, apostando por viviendas protegidas de alquiler, revisables periódicamente y vinculadas a la renta.
Familia Youssef Miran
Una espera que desgasta
La historia de la familia Youssef Miran añade otra capa de complejidad a la realidad de la vivienda. Llegaron a Euskadi hace catorce años huyendo de la guerra en Siria y, tras más de once años en Etxebide, siguen sin poder acceder a una vivienda adecuada para su familia. “Es doloroso que, sintiéndonos plenamente vascos, el sistema nos niegue una vivienda digna tras una carrera de fondo agotadora donde la meta siempre se aleja”, explican.
Viven seis personas en apenas 42 m2. “Supone un desgaste emocional constante”, reconocen. Con el nacimiento de su cuarta hija, la vivienda se ha convertido en un espacio “asfixiante e inhabitable”, donde el descanso es imposible y la incertidumbre marca cada decisión.
Cada sorteo fallido es un golpe a la esperanza. “Sentimos una gran impotencia al ver que las pocas opciones que salen no están pensadas para familias numerosas”. La desesperación ha sido tal que han llegado a plantearse abandonar el país. “No queremos irnos, pero el sistema nos expulsa al no garantizarnos un techo para nuestros hijos”. En todo este proceso, destacan el acompañamiento de Hirukide como un apoyo clave para no rendirse cuando la espera se vuelve más dura.
Familia Sánchez Serrano
Cuando tener casa no significa tener hogar
Justina y Tomás forman una familia numerosa de cinco miembros. Tienen una vivienda en propiedad de 43 m2 en Ortuella, que siguen pagando, pero viven de alquiler en Vitoria-Gasteiz, donde están sus trabajos y su vida desde hace años. Esta situación les ha llevado a que se les deniegue la condición de solicitantes de vivienda, al considerarse suficiente la vivienda en propiedad.
La consecuencia es clara: pagan hipoteca, alquiler e impuestos, sin poder acceder a desgravaciones ni a una VPO que aliviaría su economía familiar. “Los gastos que tenemos podrían bajar mucho si tuviésemos una vivienda de VPO”, explican.
Volver a esa vivienda no es una opción real. “Estaríamos hablando de 43 m2 para cinco personas”, recuerdan, algo que no encaja ni siquiera con los mínimos recomendados por la propia normativa (15 m2 por persona). Tras presentar un recurso de alzada con el apoyo de Hirukide, el encuentro con el consejero les ha devuelto cierta esperanza.
Su mensaje a quienes diseñan las políticas de vivienda es claro: “Que se tenga en cuenta que somos familias numerosas a la hora de hacer los sorteos” y que se contemplen fórmulas como la permuta de viviendas cuando las circunstancias familiares y laborales cambian.

Una realidad compartida
Cuatro familias, situaciones distintas, una misma conclusión: la vivienda no puede reducirse a un expediente administrativo. Detrás de cada solicitud hay niños y niñas que crecen sin espacio, jóvenes que esperan sin un horizonte claro y familias que constatan cómo el marco actual y los criterios establecidos no siempre se cumplen, ni dan solución a algunas necesidades existentes.
Desde Hirukide seguiremos acompañando a las familias y trasladando estas realidades a las instituciones, con la convicción de que vivir en una vivienda digna no debería ser un privilegio, sino una base mínima para poder construir un proyecto de vida en familia.
