Tejiendo redes de apoyo entre familias

Tejiendo redes de apoyo entre familias

En la vida familiar hay momentos de enorme intensidad, situaciones que a menudo nos pillan sin manual de instrucciones y nos hacen sentir solas o desbordadas. Pero a veces, lo que más necesitamos es precisamente lo que otra familia puede ofrecernos: escucha, comprensión y una experiencia compartida. Con esa idea nace el Banco del Tiempo de Hirukide, una nueva iniciativa pensada para poner en contacto a familias socias dispuestas a ofrecer o recibir apoyo puntual, consejo o simplemente compañía.

Esta red no se basa en grandes gestos ni compromisos exigentes, sino en el valor de lo cotidiano: una conversación telefónica, una respuesta a una duda concreta, una mano tendida desde quien ya ha pasado por un camino similar. La propuesta es sencilla pero poderosa: compartir tiempo y experiencia para que ninguna familia sienta que atraviesa sola los retos de la crianza.

En este número de la revista, nos asomamos a los primeros pasos de esta iniciativa a través de tres madres que han comenzado a formar parte del Banco del Tiempo. A través de sus testimonios conocemos qué las ha movido a participar y qué esperan de esta experiencia de acompañamiento mutuo. Sus historias nos recuerdan que, cuando se trata de criar y cuidar, nadie debería sentirse sola.

Las hemos entrevistado para que nos cuenten cómo ha sido este primer contacto, qué están aprendiendo unas de otras y cómo el Banco del Tiempo puede ser una herramienta transformadora para muchas más familias. Sus palabras son una invitación abierta a sumarse a esta red de solidaridad horizontal, donde dar y recibir es parte de un mismo gesto.

Tres madres, tres caminos diferentes, una misma convicción: compartir lo vivido puede marcar una diferencia. En Hirukide, el Banco del Tiempo acaba de empezar… pero ya está sembrando vínculos.


Un acompañamiento que nace de la escucha

Rebeca Díaz, madre de cuatro hijas y profesional de la musicoterapia y el acompañamiento en el duelo, no dudó ni un instante cuando Hirukide puso en marcha el Banco del Tiempo. Ya había participado en una experiencia similar durante el confinamiento y sabía lo valioso que podía ser compartir su experiencia con otras familias. “Agradecí mucho el poder poner al servicio mi experiencia y conocimientos terapéuticos”, recuerda.

Rebeca2 edited

“Es una oportunidad maravillosa de poder crecer como persona y como familia”, afirma. Desde Durango, Rebeca se ha ofrecido a acompañar a Ianire, madre de tres hijos, uno de ellos diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Rebeca trabaja un día a la semana en el municipio de Ianire, lo que facilitó que pudieran verse en persona en un primer encuentro cálido, sereno y cercano. “Allí Ianire y su ama pudieron contarme su situación. Tras escucharlas me ofrecí a acompañarlas en sus dudas a través del teléfono y WhatsApp y también me ofrecí a conocer al pequeño y hacer alguna sesión si encontraban un espacio”.

Para Rebeca, esta colaboración tiene un sentido profundo: devolver a la vida lo que la vida le ha dado y poner al servicio su conocimiento y vivencias para que otras familias no se sientan solas en momentos clave. “Es una forma de agradecer, de cerrar círculos, de dar sentido a todo lo vivido”, asegura con una sonrisa.

Una mano tendida que da seguridad

Ianire Uriarte vive en Gernika-Lumo con sus tres hijos: Laiene, de 13 años; Janitz, de 4; y Zuhaitz, de 1 año. Su hijo Janitz fue diagnosticado con TEA, un proceso que la familia fue intuyendo poco a poco, con la inquietud de ver que no avanzaba como esperaban. “Veíamos que el niño no hablaba, le llevé a la pediatra y vio que algo no estaba bien y nos derivó a atención temprana y de allí nos pasaron a UPI de Galdakao, donde el psiquiatra le observó que eran signos del TEA”, explica Ianire. “La noticia no nos vino tan de golpe, ya lo intuíamos”. Aun así, el diagnóstico supuso enfrentarse a una nueva etapa llena de dudas y retos.

Ianire3 edited

Tiempo después vio en una publicación de Hirukide la existencia del Banco del Tiempo y decidió contactar. “Vi que podía ser una ayuda, una salida, una forma de encontrar algo que no teníamos hasta ahora”, relata. El primer encuentro con Rebeca “fue muy bueno, cálido y cordial”, dejando una huella muy positiva. “Nos dio tranquilidad, apoyo y seguridad”, resume. Desde entonces, el acompañamiento se ha convertido en una fuente de calma y orientación y la musicoterapia ha sido una herramienta inesperadamente útil para comunicarse con su hijo. “Vemos que con la música se centra más, conecta más. Es algo nuevo para nosotros y nos está ayudando a entenderlo mejor”.

En palabras de Ianire, la experiencia les ha abierto una nueva ventana: “Vemos que, por lo menos, hay luz al final del túnel. Ya no sentimos tanta incertidumbre”. Y lo tiene claro: animaría sin dudarlo a otras familias a dar este paso. “Porque la familia se siente más arropada, más acompañada. Y eso cambia todo”.

Una red que se construye desde lo vivido

Desde Arrasate/Mondragón, Karla Sánchez también ha decidido sumarse al Banco del Tiempo como madre dispuesta a ofrecer apoyo. Su historia está marcada por la resiliencia: madre de tres hijos —las mellizas Edith y Elieth, de 17 años y Anthony, de 12—, ha afrontado diferentes dificultades como familia monomarental y numerosa. “Nos ha tocado superar momentos muy complicados por falta de red de apoyo, pero lo hemos enfrentado unidos y tomándolo como desafíos para nuestro aprendizaje colectivo”, explica.

Karla edited

Su motivación para participar nace del deseo de compartir lo aprendido, pero también de seguir aprendiendo. “Una forma de compartir con otras familias también es aprender cómo lleva cada familia las circunstancias en el día a día y apoyar de manera empática desde lo que esté en nuestras manos”, afirma. En su caso, se ofrece para cuidados puntuales, momentos de acompañamiento o simplemente compartir vivencias entre familias. “También nos gustaría intercambiar aspectos culturales, si hay interés, e ir generando interacciones con naturalidad”.

Karla recuerda con intensidad los primeros meses tras el nacimiento de sus mellizas. “Todo era muy intenso. Necesitábamos apoyo humano, alguien que pudiera estar ahí en los cuidados, aunque fuera de forma puntual. Es una tarea ardua, y una válvula de apoyo siempre viene bien”.

Cuando imagina el futuro, no duda: “Pienso que sí se podría construir una red de apoyo cuando las personas nos damos la oportunidad de compartir y aprender de otras personas. De ahí pueden surgir vínculos duraderos y significativos”.

Os animamos a sumaros a esta red solidaria de familias, especialmente en situaciones como el TEA, TDAH, partos múltiples, enfermedades raras, o procesos de divorcio y duelo, entre otros. Si os sentís identificadas o podéis acompañar a otras desde vuestra experiencia, ¡os esperamos!