EL CORREO. La excedencia pagada de los padres agranda la brecha con otras autonomías. 

Criar un hijo sale muy caro, tanto en tiempo como en dinero, y las distintas administraciones llevan años ensayando distintas fórmulas para aliviar de algún modo esa carga. La preocupación de los poderes públicos se debe esencialmente a dos motivos. Por un lado, está la natalidad, ese indicador que se resiste tozudamente a crecer: la tasa de fecundidad, tanto en Euskadi como en el conjunto de España, se mantiene por debajo de 1,4 hijos por mujer, una cifra que no solo preocupa de cara al sostenimiento de la hucha común, sino que también demuestra que los ciudadanos no pueden permitirse tener toda la descendencia que desean. Por otro lado, está la igualdad de hombres y mujeres: la responsabilidad de la crianza sigue cayendo abrumadoramente sobre las madres, que se ven obligadas a aparcar o desatender su carrera profesional, y a esa asimetría se debe buena parte de la discriminación laboral de las mujeres.

El Gobierno vasco ha anunciado esta semana una medida innovadora, que incrementa la ventaja de Euskadi sobre las demás comunidades autónomas en materia de conciliación. Muchos detalles siguen sin concretarse y el departamento de Empleo y Políticas Sociales ya ha avisado de que se implantará «gradualmente», pero en cualquier caso supone un paso importante: se abonará un salario equivalente al 100% de su base de cotización a los padres que cojan una excedencia de tres meses para cuidar de sus hijos, siempre que la disfruten durante el primer año de vida del pequeño y que no coincida con el permiso de la madre. En realidad, es una manera de igualar, mediante un ingenioso rodeo, los permisos de maternidad (dieciséis semanas) y de paternidad (cuatro semanas, a las que se sumarían las doce de la excedencia pagada), compensando así la diferencia que perpetúa la Seguridad Social.

Se trata de una iniciativa sin precedentes en España, que afianza la posición de Euskadi como autonomía más avanzada en esta materia. En realidad, ya antes de esta novedad se situaba por delante del resto, aunque tampoco puede decirse que existiese una competencia feroz, ya que la crisis financiera arrasó un sistema de ayudas que ya dejaba mucho que desear con respecto a Europa. Desapareció, desde luego, el cheque-bebé, aquellos 2.500 euros por nacimiento que el Gobierno socialista mantuvo entre 2007 y 2010. Y, de las siete comunidades que habían implantado ayudas a las excedencias para cuidar a los hijos, todas las acabaron suprimiendo excepto el País Vasco y La Rioja. En algunas autonomías, el panorama es ahora mismo un absoluto erial.

El País Vasco mantiene las ayudas directas por nacimiento (400, 500 o 900 euros, en función de la renta familiar, con distintas anualidades según el número de hijos), las ayudas por reducción de jornada o excedencia (entre 1.692 y 3.255 euros anuales) y las ayudas para contratar cuidadores de niños menores de 3 años (asumen entre el 69 y el 93% de la cuota de la Seguridad Social), además de los incentivos específicos para familias numerosas y las deducciones fiscales.

La equiparación ‘de facto’ de los permisos de maternidad y paternidad, unida a las demás medidas que se avanzaron en el pleno del miércoles, agranda la brecha con respecto a las demás comunidades y nos acerca al eterno ideal europeo, pero al llegar a este punto se impone la humildad: todavía nos falta mucho para medirnos con modelos como Francia, Alemania, Reino Unido o los países nórdicos. «Seguimos muy lejos de las prestaciones económicas universales por hijo a cargo», admite un técnico. En Francia, el último país de la UE que se ha acercado a la anhelada tasa de reemplazo de la población, las familias con dos hijos o más disfrutan de subsidios Las prestaciones económicas por nacimiento o adopción solo contemplan los supuestos de familia numerosa o monoparental, parto o adopción múltiples y madres con discapacidad. Hay deducción en el IRPF. hasta que cumplen los 20.

Los expertos contemplan con aprobación la iniciativa vasca y, en concreto, aplauden el requisito de que la excedencia del padre no pueda coincidir con el permiso de la madre. «Hasta el momento, la mayoría de los hombres disfrutan del permiso de paternidad de forma simultánea al de la madre, por lo que actúan más de ‘ayudantes’ que de responsables de las tareas domésticas y de Existen ayudas directas a las familias: 400, 500 o 900 euros, según la renta, desde una anualidad por un hijo hasta siete por tres o más. También hay ayudas por reducción de jornada o excedencia y para contratar cuidadores. cuidados. Esta medida anima a los hombres a pasar del ‘te ayudo’ al ‘me corresponsabilizo’ en la crianza. Además, reduce los incentivos para la discriminación estadística de las mujeres en el mercado de trabajo y, por lo tanto, reduce la brecha salarial: en la medida en que su uso se generalice y los hombres se ausenten de su puesto de trabajo el mismo tiempo que las mujeres, el empresariado tendrá más incentivos para contratar a mujeres», analiza Irene Lapuerta, profesora de la Universidad Pública Las familias que no superan los 45.000 euros de renta reciben la tarjeta Benvida (es decir, Bienvenida), una tarjeta monedero con 1.200 euros para gastar en productos para el niño. También existe un bono de cuidados. de Navarra y especialista en este tipo de permisos. A su juicio, la iniciativa vasca es «una medida ganadora», de la que se beneficiarán el menor, la economía familiar (al descender la probabilidad de que la madre deje su trabajo), la natalidad (con mayor corresponsabilidad, hay más disposición a tener otro hijo) y los propios varones: «Cada vez hay más hombres que desean ejercer nuevos modelos de paternidad, más implicada y activa».

También la asociación de familias En noviembre ha puesto en marcha las ayudas por reducción de jornada, similares a las ya existentes en Euskadi, con un importe de 1.500 euros (3.000 si los miembros de la pareja se alternan en su ejercicio a lo largo de un año). numerosas Hirukide considera «muy acertado» el planteamiento de la ayuda, aunque hace hincapié en que su valoración solo puede ser provisional: «Tenemos que esperar a ver cómo se plasma esta idea –apunta la directora, Natalia Diez-Caballero–. Habrá que ver si será universal o estará sujeta a renta, si se implantará de forma progresiva o escalonada y a partir de cuándo, de qué manera podrían favorecerse los autónomos… Son muchas las incógnitas que se nos plantean a todos».

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