Conocemos a Débora y Xabi, que junto a Manex, Ane, Ainhoa, Alaitz y los aitites viven en Arrasate. Una familia numerosa en la que conviven edades, rutinas y cuidados diferentes, y con la que hablamos de organización, deporte, convivencia intergeneracional y retos cotidianos.
“Los niños y adolescentes ven que la vida es así, que las personas pasan por distintas etapas y que cuidar también forma parte de la familia”
Para empezar, contadnos quiénes sois, ¿cómo es vuestra familia y cómo es vuestro día a día en Arrasate?
Somos una familia numerosa de Arrasate. En casa vivimos con los abuelos, así que convivimos varias generaciones bajo el mismo techo, con necesidades, ritmos, mentalidades y costumbres diferentes. Nuestro día a día tiene un ritmo intenso. Desde primera hora de la mañana hasta el final del día, cada uno tiene su calendario: estudios, universidad, trabajo, deporte, actividades de ocio… A mediodía coincidimos en horarios distintos, pero en gran medida comemos con los abuelos. Ese suele ser uno de los momentos en los que estamos juntos.
¿Y cómo organizáis estudios, comidas, trabajo, deberes y actividades?
Cada uno tiene su propio espacio, su mesa de estudio o su rincón. Eso ayuda mucho a que no estemos todos encima de todos, porque cada uno tiene sus horarios, sus aficiones y sus tareas. Luego están los espacios comunes, donde nos vamos adaptando según la necesidad. Con los abuelos pasa lo mismo, porque ellos también tienen sus propios ritmos. Al final, como nos conocemos mucho y hemos estado siempre muy unidos a ellos, todo eso sale de una forma bastante natural.
Durante muchos años, Débora, tus aitas fueron una ayuda fundamental para vosotros. Ahora los papeles han ido cambiando, ¿no?
Sí, mis padres nos han ayudado muchísimo en la crianza de nuestros hijos. Les recogían de la escuela, comían con ellos, comíamos todos juntos… Ha sido una vida muy paralela y muy unida a la nuestra. Mi padre, aunque tiene ya 88 años, sigue bien cognitivamente y todavía nos ayuda en la medida que puede.
La situación cambió cuando mi madre enfermó. Tiene una enfermedad de deterioro cognitivo y se ha convertido en una persona totalmente dependiente. Al principio mis padres vivían solos, con nuestra ayuda y estando nosotros muy pendientes, pero llegó un momento en que había que tomar una decisión. Lo valoramos y dimos el paso de vivir con ellos. Al estar mi padre bien y querer seguir en su casa junto a su mujer, entendimos que eso también le daba calidad de vida. Al principio vivimos juntos en nuestra casa y desde hace año y medio en la suya, al ser más grande, porque en la nuestra no cabíamos bien.
¿Y qué aporta a vuestros hijos e hijas convivir tan de cerca con esa realidad?
Creemos que para ellos también está siendo una experiencia de vida. Han conocido a sus aitites cuando estaban sanos, cuando les cuidaban, y ahora ven otra etapa completamente distinta. Ven la evolución de la vida, el ciclo de la vida, y también la enfermedad, la dependencia y la necesidad de cuidar.
A veces les pido ayuda para levantar a mi madre o sentarla en la silla, porque yo sola no tengo fuerza suficiente, y ellos colaboran. Igual no es algo tan habitual en la sociedad actual, pero en nuestro caso forma parte del día a día. No todo es de color de rosa, ni mucho menos, pero también tiene algo muy valioso: los niños y adolescentes ven que la vida es así, que las personas pasan por distintas etapas y que cuidar también forma parte de la familia.
Otra de las constantes en vuestra vida es el deporte.
Sí, el deporte forma parte de nuestro día a día. Manex ha jugado al fútbol desde su infancia en el club de Arrasate. Ahora dejará el club de forma más oficial, pero el fútbol sigue siendo su afición. Las tres chicas hacen hockey en línea, cada una en su categoría. Empezaron como quien prueba un deporte diferente y les fue gustando cada vez más. Ahora están muy comprometidas y disfrutan mucho. Ane, además, ha estado en la selección de Euskadi hasta este año. Pero, en general, todos están acostumbrados al deporte: si hay que subir al monte, ir a esquiar, hacer paddle surf o surf en verano, también se animan.
Y en el caso de Xabi, el deporte también se ha convertido en una parte importante de tu vida y del apoyo a la familia.
Sí. Siempre he sido muy activo. Desde joven he practicado deportes de montaña, nieve y bicicleta y más adelante también deportes de agua, como paddle surf, kite surf o wing foil. En mi caso, el deporte va muy unido a mi forma de ser y a la naturaleza. Con el tiempo vi la posibilidad de promocionar el wing foil y empezar a dar clases. La iniciativa surgió de mí y la desarrollé a través de Wingfoil Euskadi, normalmente en Garayo, en el embalse de Legutio. Y combino mi trabajo profesional con ser monitor deportivo.

Eso implica dedicar muchos fines de semana al año, ¿cómo lo habéis conciliado en casa?
No siempre ha sido sencillo. La parte económica ha sido una ayuda importante para la familia, tanto en invierno con el esquí como en verano con el wing foil, pero también ha supuesto ausencias y organización. Débora ha cubierto en casa esa ausencia en la medida de lo posible y cuando eran pequeños lo hacía con el apoyo constante de mis suegros, especialmente de mi suegro en los últimos años, por el estado de salud más delicado de mi suegra. Después, a medida que los hijos han ido creciendo, han ganado mucha autonomía. En casa la hemos trabajado mucho, sabiendo siempre que la responsabilidad última era nuestra, pero intentando que ellos también fueran capaces de organizarse y colaborar.
Echando la vista atrás, ¿qué habéis aprendido desde que empezasteis a formar vuestra familia?
Hemos aprendido que responder de forma adecuada a las necesidades de los hijos e hijas, en cada etapa de su vida, es un aprendizaje constante. No hay una única manera válida para todos ni para todos los momentos. Vas aprendiendo cada día, con ellos y gracias a ellos.
¿Y qué es lo que más os gusta de tener una familia numerosa?
Para nosotros es muy enriquecedor saber que en casa siempre hay un hermano o una hermana dispuesto a ayudar, a compartir tiempo o a estar ahí. Aunque haya rencillas, diferencias y momentos de todo tipo, también hay risas, conversación y apoyo. Una familia numerosa enseña mucho a compartir. No viven solo para sí mismos, sino junto al resto de sus hermanos. Esa ayuda cotidiana, ese compartir la vida, es algo muy bonito.
En el plano económico, ¿cuáles son los gastos o preocupaciones que más pesan en una familia como la vuestra en la actualidad?
Los gastos básicos del día a día van subiendo, y eso se nota directamente en una familia como la nuestra, igual que en cualquier otra. La compra semanal, los estudios y todos los gastos asociados a la vida cotidiana son ahora mismo algunas de nuestras principales preocupaciones.
¿Y sentís que las ayudas y medidas actuales tienen realmente en cuenta la realidad de familias como la vuestra?
Aunque existen algunas ayudas, creemos que no tienen especialmente en cuenta la realidad concreta de una familia como la nuestra. Por ejemplo, por qué determinadas ayudas por hijo o hija se cortan a los siete años. A partir de esa edad nuestros hijos siguen ahí, siguen creciendo y las necesidades no desaparecen. De hecho, en muchos casos aumentan. Los estudios, las actividades, los gastos diarios o la formación posterior suponen un esfuerzo importante.
Por último, desde vuestra experiencia, ¿qué valor tiene Hirukide y qué aporta a las familias numerosas de Euskadi?
Para nosotros, Hirukide tiene valor porque traslada nuestras necesidades y preocupaciones a las diferentes instituciones. Es una forma de sentir que las familias numerosas estamos representadas y de que nuestras realidades también se tienen en cuenta. Además, cuando tienes una duda concreta, sabes que vas a obtener una respuesta y si no la tienen y si no la tienen la van a intentar solventar. En nuestro caso, por ejemplo, con cuestiones como el bono social, el IBI u otras ayudas. Esa información y ese acompañamiento son importantes.
EN CORTO
¿Cuál es el mejor momento del día?
Cuando podemos desayunar, comer o cenar con tranquilidad alrededor de la mesa.
¿Y lo peor?
El ritmo acelerado del día a día: levantarnos pronto y empezar cada uno con sus obligaciones, el trabajo, los estudios y todo lo que viene después.
¿Un deseo para la familia?
Que podamos seguir viviendo las relaciones y los momentos especiales que tenemos ahora.
¿Unas vacaciones perfectas?
Un lugar en el que podamos estar todos juntos: en el monte, en la playa o donde sea, pero juntos.
