Andoni Aldekoa

Andoni Aldekoa

Director general EiTB

Al frente de EITB como director general, Andoni Aldekoa nos habla desde una doble mirada: la profesional y la familiar. Padre de familia numerosa y socio de Hirukide, reflexiona sobre conciliación, educación y consumo audiovisual en casa, en una conversación cercana y muy pegada a la realidad de muchas familias.

“Mis hijas pertenecen a un mundo totalmente digital y que sin duda tiene grandes oportunidades y amenazas”

“Educar creo que es dar a nuestras hijas una caja de herramientas de conocimiento, pero sobre todo de valores y criterio”

Diriges un medio público en un momento de enormes cambios en la forma de consumir contenidos. Como padre, ¿cómo vives esa transformación también dentro de casa?

Yo no soy alarmista, creo que cada nueva generación afronta sus propios cambios sociales como le sucedió a mi generación. Soy consciente de que mis hijas pertenecen a un mundo totalmente digital y que sin duda tiene grandes oportunidades y amenazas. Como en cualquier otro ámbito, tenemos que ser conscientes y presentes. Ahora que mis hijas ya son adolescentes o adultas creo que mi rol es acompañar, y no es fácil encontrar el punto adecuado.

Los puestos de responsabilidad suelen ir acompañados de agendas muy exigentes. ¿Cómo gestionas el equilibrio entre trabajo y vida familiar?

Llevo varias décadas en esta situación. Sin duda, hay una cuestión de ausencia en casa que mis hijas la notan. Intentamos mantener, pase lo que pase, ciertos momentos para tener ese espacio de estar en familia. La tortilla de los lunes, un par de semana juntos de vacaciones, comidas familiares, etc. Nerea mi mujer, también es una profesional y ha estado más presente que yo, durante muchos años ha sido la que ha llevado el peso diario. Esa es la verdad.  

Muchas familias tienen la sensación de que no llegan a todo. ¿Os pasa también?, ¿cómo lo afrontáis en casa?

Hubo años muy duros, cuando las tres eran pequeñas. Ahora ya es diferentes, porque cada uno tenemos nuestra propia actividad. Sin duda, no llegas a todo, y tienes una sensación de estar todo cogido con pinzas, pero van saliendo las cosas y hemos encontrado en casa el equilibrio; no siempre claro.

Como padre de familia numerosa, ¿qué dirías que aporta y también que exige este modelo de familia?

En nuestro caso es totalmente deseado. Es duro, te acostumbras a ese sobresalto constante, es muy exigente, pero es una maravilla. Te aprieta por la responsabilidad y a la vez te hace sentir muy vivo. No me imagino, ni deseo otro tipo de familia.

Y mirándolo con perspectiva, ¿qué crees que ha aportado a tus hijas el hecho de crecer en una familia numerosa?

Nosotros somos un modelo de familia que tiene muchos matices. Sin duda, habrá cuestiones en las que tal vez no hemos podido poner la atención necesaria, pero creo que transmite unos valores en los que compartir y convivir es la base de todo. Todo es más alterado, pero también mucho más rico.

En casa, como padre, ¿cómo has abordado el uso de pantallas con tus hijas?

A mi ese no es un tema que me preocupa mucho, en lo que estamos más centrados no es tanto en cómo, sino sus referencias. Que lean y vean contenidos que estén garantizados. Lo que más nos preocupa es que no caigan en la banalidad, en el consumo, lo importante es que tengan profundidad. Cuesta mucho eso.

Más allá de limitar tiempos, ¿qué crees que marca la diferencia (el tipo de contenidos, el acompañamiento, las conversaciones…)?

Es lo que te comentaba, cuáles son sus fuentes. Sin duda nos preocupa que estén todo el rato conectados, que a las noches apaguen el ordenador a su hora. Es una pelea diaria.

Y en un entorno tan competitivo, ¿cómo se puede ofrecer contenido atractivo sin perder cierto criterio en lo que se transmite (valores, …)?

Ahora estamos con ello. Ha cambiado mucho el consumo, y el gran reto es cómo hacer servicio público con contenidos más cortos, con más impacto, que sean universales, es decir que lleguemos a toda la sociedad vasca, pero con ese principio de responsabilidad que tenemos de ser un elemento para una transformación social justa.

Los estudios que tenemos en EITB nos dicen que los propios adolescentes y jóvenes son conscientes de su fragilidad en el consumo de redes sociales, eso es muy importante, y creo que es la grieta por la que podemos entrar para que usen bien internet.

¿Crees que hoy educar pasa más por enseñar a elegir y educar en la libertad que por intentar controlar?

Siempre ha sido así. Educar creo que es dar a nuestras hijas una caja de herramientas de conocimiento, pero sobre todo de valores y criterio para poder desenvolverse en la vida. Cada etapa creo que tiene su finalidad, y como te decía, ahora con hijas de 17,20 y 22 años creo que el trabajo es acompañar y estar siempre ahí si pasan cosas.

En esa caja, ¿qué herramientas crees que no deben faltar y cuáles son las más importantes?

Todo lo que tiene que ver con valores, educación y sobre todo autonomía y seguridad. NO son cosas fáciles en un momento de total fragilidad, confusión y muchísimos impactos en los jóvenes. En mi generación la familia, la educación y los amigos fueron mis referentes, ahora eso ha cambiado totalmente. Están mucho más expuestos, por eso que el papel de la familia pasa a ser más importante y es probable que tenga que coger también un rol diferente y más extenso. 

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Y hablando de jóvenes, se comenta con frecuencia que están cambiando sus prioridades vitales, donde formar una familia o tener hijos ya no ocupa el lugar que tenía antes. ¿Cómo interpretas este cambio y qué impacto crees que puede tener en la sociedad?

Esos jóvenes, de forma colectiva, es lo que nosotros hemos creado. No les responsabilicemos a ellos, es nuestra responsabilidad. Yo creo en esta generación, la mayoría son personas que, aunque con formas diferentes, siguen teniendo nuestros valores. Les está tocando enfrentarse a un momento de total incertidumbre y cambio, y para ellos no es nada fácil. Somos muy exigentes con ellos y muy complacientes con nosotros.

¿Qué conversaciones crees que no deberían faltar hoy en una familia?

El amor, es lo principal. Es ese elemento que construye personas seguras y fuertes. Que saben que siempre van a tener dónde agarrarse o dónde caer si las cosas van mal. Cuando todo va bien, no le damos importancia. Cuando surgen los problemas, está demostrado que esa red es fundamental.

Como socio de Hirukide, ¿qué valor le das a la labor que realiza la asociación en apoyo a las familias?

Lo primero es un mensaje social de poner en valor la familia en un momento de individualismo social, y, por otro lado, crear conversaciones que ayudan a las familias a afrontar temas y situaciones importantes.

Desde tu punto de vista, ¿crees que las instituciones y la sociedad en general están respondiendo suficientemente a las necesidades de las familias? ¿Qué crees que se podría hacer mejor?

Estamos en un momento en el que el cambio social es tan profundo que es difícil atender todas las grandes transformaciones sociales como el envejecimiento, la inmigración, el cambio de modelo familiar, la dependencia de las personas mayores, etc. Para mí, en este momento, nuestras políticas y la conciencia de una sociedad envejecida tienen que mirar a los jóvenes. Tiene que haber un contrato intergeneracional para girar políticas hacia los jóvenes, y eso, tal vez, debe conllevar que otros colectivos estemos menos en el centro de las políticas sociales.  

Por último, desde tu experiencia como padre, ¿qué dirías a los/as jóvenes pensando en su futuro próximo?

Por mi propia experiencia, les puedo decir que los errores y de los trompicones en la vida se sale. Que es fundamental el momento en el que están y que sobre todo no comentan errores que les meta en vidas rotas. Es momento de experimentar, de probar, de investigar la vida, pero hay que hacerlo con unos límites y sabiendo qué es lo importante. Y yo siempre les he dicho una cosa a mis hijas: “si pasa algo, si las ha cagado, la primera llamada a casa. Siempre vamos a estar aquí”.