Aimar Olaizola, Olaizola II, es uno de los grandes nombres de la pelota vasca. Campeón y padre de familia numerosa, firmó una trayectoria excepcional, marcada por txapelas, constancia y una forma de jugar que dejó huella. Hoy, desde su puesto como director deportivo de Baiko, hablamos con él sobre pelota, familia, conciliación, valores y la vida en una familia numerosa.
“Para mí es muy importante que la pareja que está contigo entienda lo que exige el deporte profesional”
“A los padres que acompañan a sus hijos al deporte, les diría que les dejen disfrutar”
El día de tu 42 cumpleaños, tras 23 años como profesional, te despediste en Goizueta, junto a tu mujer, tus dos hijos y tus dos hijas. ¿Puede haber un final más redondo? ¿Qué recuerdas?
Por mi parte, creo que mejor no podía haber salido. Llevaba tiempo cansado de las canchas, no de la pelota, pero sí de las canchas, como es normal después de tantos años.
Decidimos poner esa fecha porque cuadró así y tenía muy claro que quería jugar el último partido en Goizueta, en mi pueblo. La empresa también hizo un esfuerzo para que pudiera ser allí, y estoy muy agradecido. Luego, ver cómo se volcó el pueblo… Fue muy bonito. Más bonito no podía haber salido.
Cuando miras atrás, ¿qué ha significado la pelota en tu vida?
La pelota para mí ha sido todo. Desde pequeño, desde los 7 u 8 años, todos los días en el frontón. Como todos los críos, tenía la ilusión de ser algún día profesional. Tuve la suerte de conseguirlo, de estar muchos años, hacer muchos amigos, ganar txapelas y vivir de ello. Para mí, la pelota ha sido todo y sigue siendo todo.
Dijiste que habías vivido “por y para la pelota”. ¿Qué cosas familiares recuperaste al retirarte?
En los años como profesional he dado todo por la pelota. He intentado hacer las cosas lo mejor posible, y eso, como es normal, te quita tiempo para otras cosas.
Después de dejar de jugar quería estar más tiempo con la familia. Sigo en el mundo de la pelota, pero ahora, por lo menos, tengo más tiempo los fines de semana. Tengo cuatro críos y antes muchas veces no podía ir con mi mujer y con ellos a muchos sitios. Quería recuperar un poco eso.
¿Qué fue lo más difícil de compaginar deporte profesional y familia?
Yo siempre he sido muy profesional. Me ha gustado cuidar todo: la comida, los entrenamientos, los horarios… Y eso, con críos, te condiciona.
No me quejo de nada. Creo que he ejercido de padre, aunque igual menos de lo que debería en algunos momentos. También, cuando eres joven, te pierdes muchas cosas con los amigos: cenas, comidas, planes de fin de semana… Ellos normalmente salen cuando tú tienes partidos o entrenamientos. Ese tipo de cosas son las más difíciles.
En una carrera tan exigente, ¿qué papel han tenido Olaia y la familia en todo lo que no se ve?
Olaia y los críos han tenido un papel muy importante. Si en casa no estás a gusto y no se respeta esa vida de deportista, es difícil rendir bien después. Para mí es muy importante que la pareja que está contigo entienda lo que exige el deporte profesional. En ese sentido, siempre voy a estar muy agradecido.
Con la llegada de las gemelas pasasteis a ser familia numerosa. ¿Cómo cambió la vida en casa?
De tener dos críos a tener cuatro cambia bastante y más cuando vienen dos a la vez. Al principio costó, porque además hubo algunos problemas, pero al final todo salió muy bien.
Dos a la vez es doble trabajo, pero estamos encantados. Son dos niñas preciosas, dan guerra, claro, pero también es muy bonito. Además, Olaia quería tener una niña y al principio teníamos dos chicos. Tener dos chicos y dos chicas… nos tocó la lotería.
¿Qué exige una familia de cuatro hijos que quizá no se ve desde fuera?
En casa hay mucha gente, como es normal. Pero tampoco hemos cambiado mucho la educación con las niñas respecto a los niños. Al final, tener dos o cuatro hijos es parecido en algunas cosas.
Eso sí, hay más trabajo y tienes que dedicarles más tiempo. Uno tiene una cosa, la otra tiene otra, el otro chico tiene otra… Hay bastante lío y hay que estar para ellos. Pero creo que eso también es lo bonito.
¿Y eres tan metódico en casa como lo eras en el frontón?
No sé si soy tan metódico en casa. Al final, siendo tantos, hay que hacer cosas que quieran o puedan hacer todos. En eso he cambiado un poco.
Sí que me gusta el orden. Además, con cuatro hijos creo que es importante enseñarles desde pequeños que en casa tiene que haber orden y que cada uno tiene que aportar. Muchas veces te quita tiempo, pero también te da momentos muy bonitos.
¿Qué valores has adquirido con los años y te gustaría transmitir a tus hijos e hijas?
La vida te enseña muchas cosas y creo que todavía seguiré aprendiendo. A los críos, desde pequeños, me parece importante estar encima en algunas cosas, enseñarles a ser ordenados y esforzarse.
Ahora que trabajas con jóvenes deportistas, ¿ves que las familias acompañan de otra manera que antes?
La educación de los padres en el deporte ha cambiado mucho. Hoy en día creo que los padres se involucran demasiado. Muchas veces no dejan a los críos disfrutar con sus amigos y se meten demasiado, en todos los deportes: fútbol, pelota… A un crío, desde muy pequeño, se le mete mucha presión. Los padres pensamos que tenemos ahí a deportistas que el día de mañana van a ser profesionales, y eso es muy complicado. Muy pocos llegan a ese nivel.
En general, diría que los padres estamos demasiado encima de los hijos. Antes había más libertad, los padres te dejaban más margen y los niños aprendían mucho entre ellos. Hoy ha cambiado. Yo intento dejar a los míos todo lo que puedo, aunque hoy en día todo funciona de otra manera.
¿Y qué consejo les darías?
A los padres que acompañan a sus hijos al deporte, les diría que les dejen disfrutar. Cuando un niño practica un deporte, lo más importante es que disfrute, sobre todo si es pequeño. Si desde casa se mete demasiada presión, creo que eso le perjudica.
En los últimos años he visto algo que antes no veía tanto en fútbol como en pelota: niños que, cuando juegan, están siempre pendientes de sus padres. Eso no me gusta nada. Significa que los padres están demasiado encima. Creo que eso debería de evitarse.
Con hijos, trabajo, horarios y gastos, muchas familias sienten que no llegan a todo. ¿Falta más apoyo real a la crianza?
Yo mismo, por lo que había oído, pensaba que había muchas ayudas. Pero luego ves que hay algunas, sí, pero veo entre la gente de mi entorno que cuesta llegar a final de mes. Si eres familia numerosa hay muchísimo gasto. Las ayudas vienen bien, pero no llegan a cubrirlo todo. Si hubiera más apoyo, no vendría mal.
En casa, ¿hay afición por la pelota o tus hijos e hijas van encontrando otros caminos?
El mayor juega a fútbol. De pequeño, hasta los 9 años, jugó a pelota, pero no tenía tanta afición; con el fútbol sí.
El segundo, Joan, sí juega a pelota. Tiene afición desde pequeño y le gusta muchísimo. Las niñas todavía son pequeñas, tienen 6 años, y ya veremos si más adelante cogen algún deporte.
En casa, más allá de las txapelas y de todo lo conseguido, ¿qué tipo de aita intentas ser para tus hijos e hijas?
Ellos ya saben que yo a esas cosas no les doy demasiada importancia. Soy como cualquier otro padre y, para mí, lo más importante es que ellos estén bien, educarles y ayudarles en lo que necesiten. Nunca les estoy diciendo que he sido pelotari o que he ganado muchas txapelas. Intento enseñarles valores como cualquier otro padre.
