Cada 15 de mayo, el Día Internacional de la Familia nos invita a mirar una realidad tan cercana que a veces dejamos de ver. La familia no es un concepto abstracto ni una palabra reservada para los discursos. Es el lugar donde se cuida, se educa, se acompaña y se sostiene a todos los que formamos lo que después llamamos sociedad.
En Hirukide llevamos más de 25 años escuchando y representando a familias con hijos e hijas y, de forma especial, a las familias numerosas de Euskadi. Familias muy distintas entre sí, con circunstancias, situaciones y realidades diversas, pero unidas por una misma experiencia: sacar adelante la familia exige tiempo, esfuerzo, recursos, renuncias y una enorme responsabilidad.
Después de todo este tiempo, seguimos constatando que las dificultades para iniciar, asentar y desarrollar un proyecto familiar no han disminuido; en muchos casos, han aumentado. La emancipación de nuestros jóvenes llega más tarde, el acceso a una vivienda adecuada es cada vez más complicado, la estabilidad laboral no siempre acompaña y la conciliación continúa siendo una asignatura pendiente. Todo ello condiciona una decisión que pertenece al ámbito más personal de cada familia: si tener hijos, cuándo tenerlos y cuántos.
Precisamente por eso conviene aclarar algo. La responsabilidad de cada proyecto familiar corresponde, en primer lugar, a las propias familias: son ellas quienes deben cuidar, educar y tomar las decisiones fundamentales sobre sus hijos. Las instituciones no están para sustituir ese papel ni para dirigir la vida familiar, pero sí para remover los obstáculos que hoy dificultan la crianza y la posibilidad de tener hijos. Porque cada hija o hijo forma parte de un proyecto familiar, pero también del futuro común; apoyar a las familias no es una concesión, sino una inversión social de primer orden.
Euskadi está cambiando profundamente. La esperanza de vida ha aumentado, las familias son más diversas, los cuidados se organizan de otra manera y afrontan retos nuevos. Pero hay una realidad que no podemos obviar: si queremos una sociedad con relevo generacional y con futuro, necesitamos que formar una familia no se convierta en una carrera de obstáculos.
Los últimos datos de natalidad apuntan a una ligera mejoría en 2025, pero siguen naciendo un 30 % menos de niños que hace una década. El problema no es solo cuántos nacen, sino cuántas personas se quedan sin tener los hijos que desearían. Cuando el primer hijo se retrasa durante años por la vivienda, la precariedad o la dificultad de conciliar, muchas veces se reduce de forma irreversible el proyecto familiar que se quería construir. También conviene abordar con delicadeza otra cuestión. Euskadi es hoy una sociedad plural, enriquecida por personas y familias que han venido de otros lugares y que forman parte de nuestra comunidad. Su aportación es valiosa y debe ser reconocida. Pero la inmigración ni está siendo la solución global al reto demográfico que se esperaba, ni puede servir como asidero para dejar de mejorar las condiciones que permitan a los jóvenes y las familias tener los hijos que desean. No son caminos opuestos.
En este contexto, resulta positivo que hace apenas una semana el Gobierno Vasco haya organizado el I Congreso Internacional de Familias. No todo en política familiar se reduce a ayudas, prestaciones o medidas económicas, aunque todas ellas sean necesarias. También hace falta acercarse a la realidad de las familias con conocimiento, escucha y profundidad; comprender cómo viven, qué dificultades afrontan, qué apoyos necesitan y qué papel desempeñan en la cohesión social.
Coincidimos plenamente con las palabras que expresó en dicho congreso el viceconsejero Legarreta: “Si queremos construir una sociedad con futuro, las familias deben situarse en el centro de las respuestas, no pudiendo quedar relegadas a un espacio secundario dentro de las políticas públicas”. Es, precisamente, lo que desde Hirukide llevamos años defendiendo ante instituciones, administraciones y responsables políticos de todos los niveles.
Con esa misma mirada, seguimos trabajando también hacia el futuro próximo. La pregunta no es solo qué sociedad queremos dejar a nuestras familias. Es también qué familias queremos que sostengan la sociedad del futuro. Y para responder de verdad hacen falta políticas estables, evaluables y sostenidas en el tiempo.
Hablamos, entre otras cosas, de conciliación real, con horarios racionales, flexibilidad y corresponsabilidad. Hablamos de vivienda adecuada para jóvenes y para el número de hijos de cada familia. De reducir las cargas fiscales que dificultan que una familia pueda cambiar a una vivienda mayor cuando crece. Hablamos de una fiscalidad que atienda a la capacidad económica real y a la composición familiar. Hablamos de acompañamiento a la crianza con ayudas que no se queden cortas ni lleguen tarde, especialmente en el caso de terceros hijos y sucesivos. Y hablamos también de simplificar trámites innecesarios, como la renovación anual del título de familia numerosa cuando existen fórmulas ya aplicadas en otras comunidades para ampliar su vigencia.
El futuro de Euskadi no empieza dentro de veinte años. Empieza hoy, en cada hogar donde alguien prepara una cena, ayuda con los deberes, cuida a un padre dependiente, escucha a sus adolescentes, renuncia a una promoción profesional, organiza horarios imposibles o vuelve a intentarlo al día siguiente. Y si queremos una sociedad fuerte y con futuro, tenemos que cuidar mucho mejor a las familias que la hacen posible.
Iñigo Abreu de Con
Presidente de Hirukide
