Luis Gutiérrez Rojas

Luis Gutiérrez Rojas

Familia Ugarien XI. Euskal Kongresuko hizlaria

Además de ejercer como psiquiatra y profesor universitario en su Granada natal, el Dr. Gutiérrez Rojas se ha especializado en enseñar herramientas para que las personas sean capaces de enfrentarse al presente y al futuro con optimismo y alegría. Padre de familia numerosa, en 2021 escribió La belleza de vivir y en 2023 publicó Vivir más libre.

“La verdadera felicidad tiene mucho más que ver con hacer un buen uso de la libertad”

“Disfruta de la felicidad y sácale partido a tu tristeza”

“Algunos dicen que la felicidad es como un puzle donde siempre falta alguna pieza”

En su último libro habla de ser auténticamente libres. ¿En qué consiste esa libertad y qué relación tiene con alcanzar la verdadera felicidad?

Tendríamos que decir que ser libre no consiste en hacer lo que a uno le dé la gana, lo que a uno le apetezca, lo que a uno le guste. Tiene muchísimo más que ver con elegir cosas que son buenas para mí; en concreto con elegir el bien, la verdad y la belleza. Las personas que hacen el bien son más libres y unen el intentar obtener la verdad en sus vidas, con el intentar tener una vida más plena. Por tanto, la verdadera felicidad tiene mucho más que ver con hacer un buen uso de la libertad.

Entonces, ¿qué resulta más sencillo, ser felices o ser personas tristes? ¿Y cómo influye esa disposición en nuestra vida cotidiana?

No es que una cosa sea más sencilla que otra, sino que las personas tenemos emociones, y lo normal es que haya tristezas y alegrías, llantos y sonrisas. Esa volatilidad emocional es propia del ser humano. En general, las tristezas suelen durar más y ser más profundas, mientras que las alegrías son más efímeras. Lo importante es valorar ambas caras de la vida: cuando uno está feliz, debe disfrutarlo, y cuando está triste, debe ser consciente de que esa tristeza también es buena, porque lo hace más maduro y más estable. La película de Pixar, Inside Out, desarrolla muy bien esta idea. Así que disfruta de la felicidad y sácale partido a tu tristeza.

¿Es posible vivir felices en pareja y en familia sin querer renunciar a nada?

Todas las personas buscamos estar bien, en paz y con tranquilidad. Pero, si optamos por una libertad centrada únicamente en lo que nos apetece, habrá poca renuncia. Es imposible tener buena salud física sin renunciar a ciertos alimentos o sin hacer deporte, y también es imposible tener una relación estable si uno no renuncia a veces a sus propios gustos para ceder ante el otro. De ese modo, la relación de pareja se fortalece.

También, muchas personas creen que tener hijos es un problema, una dificultad, que quita libertad o impide desarrollarse, pero todos sabemos que no es así. Evidentemente supone una renuncia, pero es una renuncia con mucho sentido. En ese aspecto, asociaciones como Hirukide son clave para dar sentido a la natalidad y entender que no hay nada que proporcione más satisfacción que sentirse amado y querido, y cuantas más personas haya en una familia, más amor habrá

En nuestro próximo congreso nos hablará sobre cómo vivir y educar con optimismo. ¿Nos puede hacer un breve adelanto?

Básicamente, educar en el humor y educar con el optimismo consiste en aceptar la renuncia, la enfermedad, el no tener lo que uno quiere. De tal forma que educar en el optimismo es enseñar a nuestros hijos a afrontar la dificultad y por tanto tenemos que ponérselo un poquito difícil, ponerles metas que sean ambiciosas. Y tenemos también que enseñarles a fracasar, a perder y a llorar, porque si lo hacemos serán personas muchísimo más estables, más maduras, más libres a la hora de enfrentarse a la vida.

Pero, ¿hay personas que nacen con mayor o menor predisposición hacia la felicidad, a ser más positivas?

Yo soy de una determinada forma, como todas las personas, y eso ha venido configurado por mi genética, mi biología y también por factores externos: el ambiente, cómo me educaron mis padres, mis amigos, lo que me pasó en el colegio y la universidad; todo eso ha configurado mi forma de ser.

¿Hay personas más predispuestas a pasarlo mal que otras? Sí, pero creo que eso no es lo importante. Independientemente de nuestra predisposición o nuestra infancia, tenemos la posibilidad de hacer cambios en nuestras vidas, elegir lo bueno para nosotros o aquello que nos hace peores. En esas micro decisiones diarias, en esas continuas opciones del día a día, es donde se configura mi personalidad, donde puedo enfrentarme y conseguir ser más libre.

¿Y cómo podemos trabajar en el día a día nuestro optimismo?

Diría varias cosas, pero voy a decir dos. La primera es que siempre es más lo que tenemos que lo que nos falta. Algunos dicen que la felicidad es como un puzle donde siempre falta alguna pieza. Por tanto, la felicidad consiste en fijarte en las piezas del puzle que tienes, no en lo que deseas o quieres y no obtienes. Esa es una clave para el optimismo. Las personas optimistas siempre se fijan en las cosas buenas que tienen en su vida y no sufren por aquello que seguramente no alcanzarán.

La segunda idea para el optimismo es ese refrán de “no hay mal que por bien no venga” y “al mal tiempo, buena cara”. Las personas optimistas, cuando fracasan, cuando pierden, cuando las cosas no salen como debieran, entienden que eso forma parte de la vida y, por tanto, no dramatizan, no exageran y no sufren demasiado.

Según todo esto y su experiencia como padre de 6 hijos/as, ¿qué pautas nos da para educar con humor a los hijos/as?

Educar con humor no significa estar siempre con una sonrisa de oreja a oreja o contando chistes. Supone afrontar la vida con un sano sentido del humor. Es decir, cuando las cosas no salen como deberían, cuando alguien nos hace daño o cuando enfrentamos circunstancias adversas, aprendemos a reírnos, a quitarles importancia, a quitar hierro al asunto. Yo, que no pronuncio la erre, pues tiene todavía más gracia. Eso es educar con humor.

Foto Luis 1b

Y cuando los hijos/as llegan a la adolescencia… ¿Cómo no sucumbir en el intento de mantener la paz, seguir educando y ser coherentes con todo esto?

Pensemos que la adolescencia forma parte de la vida y es buena. Es bueno que nuestros hijos sean adolescentes, que nos lleven la contraria, se cabreen, se corten el pelo o lleven ropa que no nos guste. ¿Por qué es bueno? Porque así la persona va encontrando su propia identidad, va elaborando su personalidad. Debemos entender que es una etapa por la que todos hemos pasado, aunque no lo recordemos.

¿Cómo no sucumbir ante esto? Pues teniendo claro que no debemos tirar la toalla, dramatizar, exagerar o enfadarnos por cosas que forman parte de la madurez normal del ser humano. Las personas somos como una planta: no podemos tirar del tallo, porque nos quedaremos con la planta en la mano. En cambio, quien es capaz de regarla, podarla y ponerla al sol, con paciencia obtendrá mejores resultados.

¿Cómo podemos ayudarles a valorar lo que tienen y no vivir en un constante inconformismo?

Ese inconformismo forma parte de la persona, así que más que cambiarlo, ser feliz consiste en aceptarlo. Si queremos que nuestros hijos no sean tan materialistas, debemos acostumbrarles a no tenerlo todo. Por ejemplo, no comprar siempre la comida que quieran, no viajar siempre donde ellos decidan o no dejarles ver cada estreno al instante. Saber dilatar y decir que no y que nos vean también renunciar a nosotros como padres. Cuando hacemos esto, paradójicamente, nuestros hijos serán menos materialistas y menos propensos a enfadarse o perder la paz por cualquier cosa

Porque, ¿cuál diría que es un error generalizado en la educación de los hijos/as y adolescentes?

Creo que el error más profundo es no saber cómo son las personas. Si tuviéramos un poco más de conocimiento antropológico y psicológico sobre cómo somos los padres y cómo son nuestros hijos, nos daríamos cuenta de que muchos problemas cotidianos son exagerados y no tienen tanta importancia. Mucha gente vive angustiada por cosas normales o preocupada por cosas que nunca ocurrirán, transmitiendo a sus hijos miedos que solo los debilitan. Ese es el error más generalizado: no comprender cómo somos. Cuando uno lo sabe, sufre menos y tiene mejores herramientas para afrontar lo que no le gusta. Ese conocimiento puede venir de una buena cultura, de la literatura y del saber cotidiano

Ya se ve que es mucho lo que podemos aprender en nuestro próximo congreso. Muchas gracias y hasta entonces.