Alba Cardalda

Alba Cardalda

Familia Ugarien XI. Euskal Kongresuko hizlaria

Psikologo klinikoa, neuropsikologoa eta bestsellerren egilea: “Cómo mandar a la mierda de manera educada” eta “Cómo dejar de ser tu peor enemigo”. Elkarrizketa honetan, komunikazio asertiboak eta muga osasuntsuek garapen pertsonal eta familiarrerako oinarri emozional gisa nola balio duten azaltzen digu.


“La verdadera felicidad tiene mucho más que ver con hacer un buen uso de la libertad”

“Disfruta de la felicidad y sácale partido a tu tristeza”

“Algunos dicen que la felicidad es como un puzle donde siempre falta alguna pieza”

Este año participa como ponente en el XI Congreso Vasco de Familias Numerosas, centrado en “La familia, fórmula de la felicidad”. ¿Qué relación cree que existe entre el bienestar emocional y la vida familiar?

La vida familiar tiene un impacto muy profundo en el bienestar emocional. Es en la familia donde aprendemos a vincularnos, a regular nuestras emociones, a sentirnos seguros o inseguros, valorados o no. Las dinámicas que se dan dentro de la familia pueden ser fuente de calma y seguridad o de miedos, ansiedad, culpa o conflicto si no están bien cuidadas.

Creo que cuando una familia consigue crear vínculos sanos, con una comunicación abierta y asertiva, donde se establecen límites claros y con cariño, se convierte en una base segura desde la que cada persona que la forma puede crecer, mostrarse tal cual es, equivocarse y aprender.

Por eso, cuando la familia se basa en el respeto, el amor y la implicación de todos para crear unas dinámicas emocionalmente sanas, puede ser una fórmula de felicidad.

A menudo buscamos la felicidad en lo extraordinario, cuando quizás está en lo cotidiano. ¿Qué elementos esenciales cree que debe cultivar una familia para favorecer esa felicidad diaria?

Sí, muchas veces creemos que la felicidad está en los grandes logros, en momentos extraordinarios en vez de donde encontramos escucha y apoyo, en una comida compartida con las personas que queremos, en sentirnos acompañados en los momentos difíciles…

Cuando salimos del modo automático y vivimos con conciencia cada momento, nos damos cuenta de que lo ordinario puede ser extraordinario. Parar y preguntarnos “¿qué está pasando a mi alrededor?”, “¿qué de lo que tengo ahora echaría en falta si no lo tuviera”? y, en ese momento, agradecer por tenerlo. En esas “simples” cosas es donde muchas veces se encuentra una felicidad más estable, más real y más duradera.

¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos los padres y madres cuando intentamos que nuestras hijas e hijos “sean felices”?

Uno de los errores más comunes que cometemos como madres y padres (aunque siempre desde el amor y con la mejor intención) es confundir la felicidad con la ausencia de malestar. Intentamos evitar que nuestros hijos sufran, se frustren, se equivoquen o se sientan tristes cuando en realidad esas experiencias son partes inevitables y necesarias de la vida y del crecimiento emocional.

Para evitar que sufran, muchas veces los sobreprotegemos, impidiendo así que trabajen su tolerancia a la frustración o desarrollen herramientas para afrontar situaciones difíciles; intentamos impedir que se equivoquen, con lo cual, les privamos de la mejor fuente de aprendizaje; tratamos de que siempre estén felices (como si eso fuera posible) y enseguida los privamos de que entren en contacto con sentimientos más desagradables como la tristeza, el aburrimiento o el miedo, para lo cual, erróneamente, los llenamos de entretenimientos y juguetes.

Uno de los grandes retos de las familias es encontrar el equilibrio entre el cuidado de los demás y el de uno mismo. ¿Cómo podemos cuidar también nuestra parcela personal sin sentirnos culpables?

Este es uno de los temas que más trato en consulta, porque muchas personas (sobre todo madres) se sienten culpables al dedicarse tiempo y cuidados a sí mismas porque creen que haciéndolo están fallando a los demás. Pero debemos entender que cuidarnos no es un acto egoísta, sino una forma de responsabilidad emocional. Por otro lado, sentir culpa no siempre significa que estemos haciendo algo mal, a veces solo significa que estamos haciendo algo diferente a lo que nos enseñaron y eso es parte del cambio.

No podemos cuidar bien a otros si estamos agotados o desconectadas de nosotras mismas. Encontrar el equilibrio entre el autocuidado y el cuidado a los demás empieza comprendiendo que nosotras también somos una persona más dentro del sistema familiar y también merecemos ese cuidado. Además, cuando nos damos un rato para nosotras mismas también estamos enseñando a nuestros hijos que el autocuidado es importante. Hay que recordar que nosotros somos el ejemplo y el referente de nuestros hijos, por eso, debemos tratarnos a nosotros mismos como queremos que el día de mañana ellos se traten a sí mismos.

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En su libro “Cómo mandar a la mierda de forma educada” hablas sobre los límites y la asertividad. ¿Por qué nos cuesta tanto poner límites en el ámbito familiar?

En el ámbito familiar suele haber una implicación emocional muy fuerte y, por tanto, los miedos a molestar o a la desaprobación son más intensos que en cualquier otro ámbito. Además, en la familia suelen establecerse roles que arrastramos desde hace años, dinámicas que nunca se han cuestionado y miedos que tienen que ver con el rechazo, la culpa o el “deber ser”.

En el libro hablo precisamente de que poner límites no es rechazar al otro, si no proteger el vínculo desde el amor, la honestidad y el respeto. Decir lo que necesitamos o lo que nos pesa no es falta de amor, al contrario, es una forma madura y clara de cuidarlo. Aprender a ponerlos de forma asertiva, sin herir y sin fallarnos a nosotros mismos es un trabajo difícil, pero necesario.

¿Qué consecuencias tiene para la familia una comunicación poco clara o la falta de límites saludables?

Cuando no nos comunicamos con claridad es más probable que aparezcan malentendidos o conclusiones erróneas ya que cada uno interpreta las cosas desde su mapa mental en lugar de desde el mapa del otro.

Por otro lado, cuando no hay límites o no se comunican de forma asertiva se genera mucha inseguridad porque nadie sabe cuáles son sus responsabilidades, lo que puede molestar al otro o lo que necesita (y viceversa) y, de esta forma, se pueden crear dinámicas de control, de dependencia o, incluso, de faltas de respeto. En el caso de los niños y niñas pequeñas, la ausencia de limites contribuye a que crezcan sin referencias claras sobre lo que está bien y lo que no y cómo relacionarse de forma sana.

Al final, lo que ocurre es que cada miembro de la familia se va adaptando de forma disfuncional porque algunos callan lo que necesitan expresar, otros explotan, y otros se aíslan.

En su libro “Cómo dejar de ser tu peor enemigo” habla también del diálogo interno y de cómo influye en nuestras relaciones. ¿Qué impacto puede tener en la convivencia familiar?

El diálogo interno es como la banda sonora con la que cada uno llega a casa. Si esa banda sonora está llena de críticas, pesimismo o culpa, contagiamos al ambiente familiar con esa tensión. En cambio, cuando nos hablamos con amabilidad (cuando nos permitimos equivocarnos, somos compasivos y tolerantes con nosotros mismos) entonces también escuchamos al otro con esa misma actitud transmitiendo algo mucho más positivo al grupo. Cultivar un diálogo interno compasivo crea un clima de seguridad donde cada uno puede ser y expresarse de forma genuina y real sin que nadie tema ser “el malo” de la película.

¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos e hijas a desarrollar una autoestima sana, sin caer en la sobreprotección o la exigencia desmedida?

Encontrar ese equilibrio es complicado, pero debemos intentar validar sus emociones sin sobreprotegerles (por ejemplo “entiendo que estés frustrado, es normal”, pero sin tratar de evitar esa experiencia, si no acompañándoles mostrando nuestro apoyo). Así comprueban que pueden tolerar la incomodidad y resolver problemas por sí mismos.

Por otro lado, es muy importante que pongamos más el foco en el esfuerzo que en el resultado para que entiendan que sus logros no dependen de un producto final, si no que el proceso que llevan a cabo tiene valor. En lugar de decir “¡qué listo eres!” cuando algo les sale bien es mejor señalar lo que han puesto de su parte “has practicado mucho y se nota”.

Por último, es necesario ir fomentando su autonomía, es decir, ir dándoles responsabilidades, de forma gradual para que vayan adquiriendo recursos que les haga sentir competentes, autosuficientes y seguros de sí mismos.

¿Qué papel juegan el humor y la flexibilidad en una familia saludable y feliz?

El humor y la flexibilidad son básicos para crecer con salud emocional y aprender a afrontar las vicisitudes de la vida. Cuando integramos una buena dosis de humor y abrimos espacios para la improvisación, rompemos la rigidez de las rutinas y aprendemos a no tenerlo todo bajo control. El humor nos ayuda a desdramatizar, a relativizar los problemas y, además, genera complicidad entre las personas. La flexibilidad nos enseña que los imprevistos no son amenazas, sino oportunidades para aprender y disfrutar de algo que no contemplábamos.

Para terminar, ¿qué consejo daría a las familias que quieren ser más felices?

Detenernos juntos, mirarnos a los ojos y escucharnos con cariño es el mejor abono para que una familia florezca feliz.