Una mirada de ojos entrecerrados, como esforzándose por descubrir detalles lejanos. Quizá ese análisis, esa observación y esa búsqueda son parte de la receta del éxito en un mundo tan complicado como el fútbol. Así es como mira Ernesto Valverde, entrenador del Athletic Club de Bilbao, un técnico que logra exprimir lo mejor de sus equipos cada temporada. El “míster”, como a veces le llaman de broma en casa, es también padre de una familia numerosa. Alguien que, junto a su mujer, saca adelante a una familia, lidiando con la invasión que el fútbol genera en todas las facetas de su vida.

 

“Tener tres hijos fue más audaz que ir a entrenar a Grecia”

 “No podemos dramatizar las consecuencias de un error, cualquiera puede fallar o acertar”

 

– En casa ¿Ernesto o Txingurri?

En casa soy aita. De vez en cuando me llaman “míster”, pero para fastidiarme un poco.

– Gestionar un vestuario es gestionar un grupo. Salvando las distancias, una familia también es un grupo. ¿Encuentras paralelismos?

Creo que es más difícil una familia, aunque hay cosas parecidas. En un vestuario tienes que hacer que el equipo vaya bien, pero también hay que manejar las expectativas personales de cada uno. No todos pueden jugar, por ejemplo, y cada cual lleva eso de una manera diferente. Tienes que saber cómo gestionar un conflicto sabiendo que los jugadores están continuamente evaluándote.

– ¿Sirve lo que aprendes en tu casa?

Considero que es importante cómo eres, tus valores. Yo vengo también de una familia numerosa, de tres hermanos, y ahí aprendes valores y cosas que luego utilizas, que sirven para que los jugadores puedan ver en ti autenticidad.

– ¿Qué es más difícil un gallo de vestuario o un hijo adolescente?

Hombre, creo que es más difícil gestionar esto con un hijo, acertar, saber tocar la tecla en el momento preciso, qué decir… Y lo es también porque los temas son más importantes.

– Grecia, entrenando al Olympiakos, supuso tu madurez como técnico. Pero fue una época que te tocó lejos de su familia…

Sí es verdad que fue una decisión difícil. Al principio la idea era mudarnos. Pero lo pensamos, lo analizamos. Era mucho cambio y, por otra parte, la liga allí es más corta, al principio era sólo por una temporada. Decidimos que iba sólo. La lejanía de la familia fue dura, pero estábamos mucho en contacto. Al final, fueron unos años extraordinarios en lo deportivo, y en otros terrenos. Conocí a la gente de Grecia, vi cómo se comportaban en momentos difíciles y su generosidad fuera de toda duda.

– ¿Y qué fue más audaz, ir a Grecia o tener tres hijos?

Sin duda, tener tres hijos. La verdad es que ese tipo de decisiones no se toman, es algo que viene más dado. Sí es cierto que mi mujer y yo teníamos clara la idea de tres hijos, incluso cuatro. Ahora tienen 18, 16 y 14 años. Pero cuando eran más pequeños, entre 2 y 7 años, no dejábamos de hacer cosas, salíamos con ellos, con todas las bolsas, las sillas…

– El fútbol exige mucho tiempo y ocupa mucho espacio, ¿Cómo se llenan esas ausencias en casa?

El fútbol lo absorbe todo, en el fracaso y en el éxito. Esas cosas influyen en tu vida, en tu familia. Es muy difícil mantener al margen una derrota, le das muchas vueltas a la cabeza. Pero, además de ese espacio mental, está el tiempo. No tienes fines de semana. En casa somos muy familiares y cuando he estado algún tiempo sin entrenar, lo hemos disfrutado mucho. Pero también, a pesar de la exigencia del calendario, siempre encontramos margen para hacer planes. Me parece fundamental.

– Tu faceta de entrenador, ¿afecta en casa al educar a tus hijos?, ¿les pones ejemplos de fútbol?

Sí, muchas veces. Me dicen “¡qué pesado!”. Y al revés también. Me siento a explicarle algo a un jugador y le digo: “Mira a mis hijos les digo esto y no me hacen ni caso, a ver cómo te lo puedo explicar a ti”.

– Conociendo como conoces el fútbol base. ¿Cómo educar a los jóvenes para el éxito o el fracaso en el fútbol?

A veces nos preocupamos demasiado. Pensamos que éste o aquél no van a saber llevar la situación. Creo que de lo que hay que preocuparse es de que los chavales estén tranquilos, estén bien. No olvidemos que el fútbol contiene una enseñanza tremenda. Hay jugadores que con 21 años han vivido mucho más que otros de su generación. Han sabido lo que es el fracaso, lo que es el éxito, se han hundido y han tenido que salir. Les han hecho críticas feroces. Saben de la presión tremenda que hay, de la responsabilidad y lo que eso supone para muchísima gente. Es un bagaje que nuestros jugadores tienen y eso hace falta en la vida.

– ¿Cómo se ayuda a desarrollar ese bagaje?

Hay que hacérselo ver con naturalidad. Estar pendiente y transmitirles confianza sobre su capacidad para superar estos elementos. Lo que no podemos hacer es incrementar el dramatismo de las consecuencias de un error. Es un deporte y cualquiera puede fallar o acertar, ¿qué le vas a hacer? Es el juego.

– Eres de esos entrenadores que escucha. ¿También en casa?

No te creas. Los entrenadores tenemos un problema, que también es propio de la gente del fútbol, es que hablamos muy alto, porque estamos en el campo, en espacios grandes… Eso ya lo decía Manolo Delgado (preparador físico del Athletic de Bilbao durante muchos años y una institución en Lezama). Además, estamos acostumbrados a mandar y a mandar mucho. Decimos: “Oye, tú ponte aquí; tú, allí…”. Si lo piensas,  son dos cosas que suponen un hándicap porque sales del campo y piensas que todo es así. Y no. Menos mal que la pareja hace siempre de contrapunto.

– ¿Cuántas veces has ayudado a tus hijos con los deberes?

Muchas, incontables. No quiero controlar, me gusta que los hagan solos, pero… es que los niños tienen demasiados deberes.

– ¿Van al campo a ver los partidos?

No mucho. Sí están pendientes y a las finales sí han ido.

– ¿Y qué es más difícil, achicar el campo al Barça o fijar la hora de vuelta a casa?

En ese sentido, el Barça es como un adolescente con la hora de vuelta, aunque le achiques el campo, siempre lo alarga, como hace tu hijo.

-¿Y con qué ha sufrido más Valverde, leyendo la prensa o las notas de sus hijos?

Con las notas de mis hijos no he sufrido nunca. En cuanto a la prensa, entiendo que hacen su trabajo. Me mantengo bastante alejado, muy a parte. A mis hijos, más que las notas, me interesa verles que crecen, que funcionan, que están bien.

 

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