Además de ser uno de los rostros más populares de nuestra televisión, Xabier Euzkitze es padre de familia numerosa y socio de Hirukide, y, junto a su mujer, ha formado una familia basada en la solidaridad y la generosidad

“También son tiempos difíciles para nuestras asociaciones, pero es necesario que se promuevan políticas a favor de la familia”

Bertsolari, comentarista, presentador, articulista, cantante… ¿Cómo te definirías?

Pues no sé qué decir. No me atrevo a decir que soy cantante, aunque haya grabado un disco y participado en algunas actuaciones. El resto sí que lo soy, pero diría que, sobre todo, soy bertsolari. Aunque hayan pasado 16 años desde que me retiré de los escenarios, seré bertsolari hasta que me muera.

¿Y como padre?

Me lo estás poniendo difícil. Mis obligaciones me ocupan muchos día y horarios bastante diferentes. Por ello, no puedo pasar con mis hijos/as todo el tiempo que me gustaría, pero intento aprovechar el que dispongo y tenemos muy buena comunicación. Son una fuente de disfrute excepcional.

En una entrevista, Txus, tu mujer, dijo que eres buen marido y mejor padre

¿Dijo eso? !A mí nunca me ha dicho nada parecido! De todos modos, creo que todo va unido. Si no das la talla como marido, en casa no podrá crearse un buen ambiente, y, quien no crea un buen ambiente en casa, no da la talla como padre.

Son muchas las maneras de llegar a ser familia numerosa y vosotros habéis usado casi todas…

Los tres han llegado a la familia de maneras distintas. Aner es hijo biológico, a Garazi la adoptamos de Colombia y a Jon lo tenemos de acogida. De todas formas, en casa los tres poseen el mismo estatus, no hay ningún tipo de distinción.

¿El hecho ser de distinta procedencia ha hecho que la experiencia sea distinta? ¿Qué señalarías de cada uno?

Para ser padre o madre de manera biológica no hay que aprobar ningún “examen”, basta con media hora de disfrute y nueve meses de embarazo. Pero adoptar a un niño o niña conlleva ciertas dificultades: los servicios sociales de la Diputación Foral tienen que certificar que eres “apto/a” para ser padre o madre, luego tienes que estar dispuesto a aguantar una larga espera, los gastos son mayores, hay que ir a por el niño o niña… A buscar a Garazi decidimos ir con Aner, porque nos parecía importante vivir la experiencia todos juntos desde el principio. Ha sido una experiencia muy bonita. A decir verdad, la gente de nuestro entorno nos pidió muchas explicaciones. “Pudiendo ser padres biológicos, ¿por qué adoptar la segunda?”. En el mundo hay muchos niños y niñas sin familia y nosotros queríamos ofrecerle la nuestra a alguna de ellas. El caso de Jon es distinto. Él tiene a su padre y a su madre ahí, pero no están en condiciones de encargarse de él. En el centro de acogida de la Diputación Foral tratan a los niños/as mejor que bien, pero, para tener un desarrollo social adecuado, necesitan una familia. Tras conocer esa realidad, Txus y yo nos miramos a los ojos y, con la aprobación de Aner y Garazi, decidimos tirar para adelante. Jon tiene otros apellidos, pero en casa todos tienen los mismos derechos y obligaciones. A decir verdad, tenemos un trío maravilloso.

A estas experiencias hay que sumarles la de Pape, el chico senegalés que estuvo en vuestra casa mientras le hacían varias operaciones

Con seis años se cayó de las escaleras y se rompió la mandíbula. El pobre pasó siete años sin poder abrir la boca. La operación se estaba retrasando porque la asociación Gizakien Lurra no encontraba familia de acogida. Hablamos con Aner, Garazi y Jon y los tres estaban dispuestos. Pape pasó 13 meses en nuestra casa, con nuestra familia. Volvió a Senegal abriendo la boca perfectamente y hablando euskera. Agradable, bien educado, agradecido…

¿Cómo surgió en vosotros esa sensibilidad o preocupación concreta?

No sé qué decir. Para ser sincero, suele ser Txus la que propone esas vivencias, y yo le respondo que sí. Estas experiencias nos han enriquecido mucho como seres humanos.

De hecho, esas experiencias dejarán algún rastro también en vuestros hijos e hija… ¿Les habéis transmitido esa actitud de acogida y generosidad?

Antes de dar cada paso, hemos buscado su conformidad y complicidad. Es imprescindible la implicación de todos los miembros de la familia, de otro modo no sería posible sacar adelante este modelo de familia. Afortunadamente, nuestra hija e hijos son muy generosos. Cuando les propusimos el caso de Pape, desde el primer momento estuvieron dispuestos a ayudar. Es muy beneficioso para los niños/as vivir experiencias como esas y vivir el apoyo y la solidaridad a diario, y no como conceptos lejanos y abstractos escuchados en la escuela o en casa.

En este momento, las tres Diputaciones de la CAV están llevando a cabo campañas a favor de las familias de acogida, ya que hay muchos niños y niñas con esa necesidad. ¿Qué les dirías a las familias que están analizando esa opción?

Que vayan a uno de estos centros de acogida de la Diputación Foral, ese fue el primer paso que dimos nosotros. Ir, dar el biberón a niñas y niños pequeños, ponerte a cuatro patas y jugar con los que son algo más mayores, tener charlas con los más mayores… Si conoces esa realidad, verás todo de otro modo. Esos niños y niñas no tienen culpa de nada, están pidiendo una oportunidad, y la merecen, la necesitan. ¿Por qué no ofrecérsela? Id a conocer esa realidad. Si se da el paso, la vida te devuelve lo que has dado multiplicado por dos.

Pero la gente suele tener miedo y muchas preguntas, ya que las acogidas temporales conllevan riesgo de pérdida…

Ese es el error. No te puedes meter en una aventura así creyendo que te van a quitar a ese niño o niña. Esa persona tiene a su padre y a su madre ahí. Si han llegado a una casa de acogida, quiere decir que detrás hay un gran problema. No suele ser fácil que los padres biológicos reviertan la situación, pero, si algún día tuviera que volver con ellos, significaría que han resuelto o encauzado los problemas y que pueden ofrecerle al niño/a el ambiente y las condiciones adecuadas. El trabajo que has realizado mientras tanto ha sido imprescindible para el niño o niña. Nadie pierde a nadie, sino que todos y todas ganamos mucho. Para sumergirse en la acogida, es necesario cambiar de perspectiva.

Habéis tenido tiempo de crear o promover asociaciones como Saharautz. ¿Cómo se consigue todo eso?

También tuvimos la suerte de conocer la realidad de los saharauis. El mundo les ha dado la espalda, los ha dejado apartados. Sáhara es una de la regiones del mundo donde más se vulneran los derechos humanos. EE.UU., Francia, España… todos han hecho tratos con Marruecos, condenando al Sáhara a la muerte. No podemos permitirlo. Con nuestro pequeño esfuerzo, tratamos de ofrecer aliento y recursos.

 En el caso de Hirukide, hace seis años que sois socios. ¿Cómo valoras su recorrido y su labor?

La vida ya resulta bastante dura aún estando unidos. No es fácil crear una familia; mucho menos una familia numerosa. Hirukide nos ofrece protección, asesoramiento y recursos, y nos brinda la oportunidad de conocernos entre nosotros. Realiza una importante labor.

¿Responden las autoridades a los retos y necesidades que tienen las familias con hijos e hijas, en general, y las numerosas, en particular?

También son tiempos difíciles para nuestras asociaciones, pero es necesario que se promuevan políticas a favor de la familia. En tiempos de crisis, lo más importante es establecer prioridades.

 El ayuntamiento de vuestro pueblo acaba de retirar la bonificación en el Impuesto de Bienes Inmuebles que ofrecía a las familias numerosas. ¿Tienes algo que decir al respecto?

Me parece un grave error. Comparado con los países europeos avanzados –cuando digo avanzados no me refiero sólo a la capacidad económica–, las familias numerosas tenemos muy pocas ayudas. Se ve una gran diferencia con el simple hecho de pasar de Irún a Hendaya. Además, el ayuntamiento de nuestro pueblo ha decidido eliminar las escasas ayudas que teníamos. No solo me parece un paso atrás, sino también retrógrado. Hay que pedirles otro enfoque a los ayuntamientos, y también a las Diputaciones, al Gobierno Vasco y al Gobierno de Navarra.

Gracias, Xabier. Para terminar, una última pregunta: ¿Veremos a alguno de tus hijos o a tu hija en un frontón o sobre los escenarios cantando versos?

Que cada cual escoja su camino. De todos modos, el mayor tiene una gran afición por los versos. Hace poco me dijo: “¡Yo haré que vuelvas a los escenarios!”. Le va a costar…

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